miércoles, 16 de septiembre de 2009

Das Ende

Ella mira por la ventana empañada del Hotel Hof en Berlín. Unos zapatos desordenados pintan el suelo frío, abandonado. Ella no está cómoda después de todo, aunque él pueda pensar todo lo contrario. Suspira, en el fondo tiene miedo también. Un turbio recuerdo le susurra al oído y le acaricia un mechón de pelo que cae por una de sus mejillas, como recordándole que las cosas malas de verdad nunca se van para siempre. Era pequeña. No era una niña, pero su corazón era aún pequeño y pálido. Le mira como queriendo saber algo más de él, pero él duerme y es silencioso. Las sábanas están revueltas y ella vuelve a mirar hacia la ventana. Recuerda cuando compartieron el primer cigarrillo. Sabía a sal y se le hizo corto. Recuerda cuando compartieron por primera vez su cuerpo. Sabía a sal y se le hizo largo y doloroso. Por todo esto quizá se le hace más fácil matarle, aunque si le hubieran preguntado hace unos años sobre sus expectativas de futuro, jamás habría contestado matar a un hombre. Ella creía en la paz y en curar animales y en todas las causas justas que le habían enseñado. Ahora quizá un arma ensangrentada no sea un consuelo para ella ni para nadie. Pero sonríe, como si por fin después de todo esto la hemorragia se hubiera detenido al fin.


4 comentarios:

eme ce dijo...

Genial.

Bellaluna dijo...

Te he tomado prestados los dedos amarillos de nicotina del anterior post. Como los míos. Te tomaría prestado de tus labios un beso como el que da la vida.

Ana, gracias.

Luna

Dara Scully dijo...

Pequeña pero valiente. Porque las cosas malas a veces sí que se acaban.



miau
en
globo

a smart chimp dijo...

" 'el recuerdo es una triste excusa para el presente' "
.- Charles Bukowski, "Clase nocturna, 20 años después" en "La gente parece flores al fin: Nuevos poemas"