martes 17 de noviembre de 2009

3 minutos



-Vámonos, sube a la moto, no mires atrás.

Le cogió de la mano y ella notó esa tranquilidad que aportan las cosas buenas de verdad, las que te hacen quedarte quieto durante un rato para agarrarlas fuerte y que no se escapen.

Lo primero que recordó fue la cara de su madre, enganchada a los programas de sobremesa y a los cafés con ginebra y a las revistas de vidas pactadas. No le habría gustado ver a la niña de sus ojos, la que le sacaría de pobre, la que le pagaría un chalet en Peñíscola cuando se hiciera famosa, convertida en un vestido gris de segunda mano sobre una vespa con un macarra de tres al cuarto.

-¿Dónde vamos?

Demasiados silencios entre ellos, y demasiado ruido allí fuera.

-Ya estamos. Baja. Desabróchate la blusa.

Sintió el mismo nudo en la garganta que cuando robaba las obleas a hurtadillas para que el padre Hermesio no se diera cuenta.

-Vamos, no tenemos todo el día.

Volvió a tocar su mano, y no sintió nada, así que la apretó con todas sus fuerzas, pero esta vez sólo sintió el frío de las cosas malas de verdad.



Imagen: Alberto García Alix

domingo 15 de noviembre de 2009

Lejos de Grosse Point


Emy se sienta todos los días en las escaleras de su porche en el barrio de Grosse Point mientras espera que su madre llegue a casa cargada de bolsas, de niños y de maldiciones. "Te has tenido que comer otra vez el pegamento, te tengo dicho que no lo hagas", "mierda, se me ha caído la bolsa de los huevos, se habrán echado a perder", "¿qué habré hecho yo para merecer esto?". Emy lleva toda la mañana sentada tejiendo una bufanda para su madre, pero cuando su madre llega corre directamente a la cocina para salvar los pocos huevos que aún quedan. Emy se pasa sentada toda la mañana y toda la tarde y parte de la noche porque tiene una deformidad en las piernas que le diagnosticaron hace años, pero que difícilmente pueden curarle. Algunas veces cuando viene su tío Claudio, le monta en su coche y van haciendo eses por la carretera. A Emy le gusta mirar a través del cristal y lo que más le gusta son los animales. De mayor, quiere tener una granja y poder cuidar de todos ellos, hacer pan casero y tener calabazas gigantes. Claudio le coge en brazos y cuando llegan a lo más alto de la colina le deposita delicadamente en el suelo. Los dos miran al horizonte señalando todos los sitios que conocen y los que no y se imaginan cómo sería verlo siempre todo desde arriba, desde la distancia y la tregua que da poder analizarlo todo desde allí.
Claudio tiene que devolverla a casa a la hora de la cena, así que bajan de la colina gritando ¡hasta pronto! y Emy se pasa toda la vuelta a casa llorando en silencio. No quiere volver al porche, quiere tener unos zapatos de charol con los que al dar tres saltitos le lleven a donde ella quiera. Emy quiere una vida nueva, una vida muy lejos de Grosse Pointy y le pregunta a su tío Claudio, por cuánto podría salirle.

jueves 12 de noviembre de 2009

Raw Power

Se lanzó hacia él. Era el chico de sus sueños y no le importaba perder el tren, el trabajo y la vida por estar unos segundos a su lado. Le había seguido desde hace años. Después de un momento con él, de drogas, suturas y pasajes desafortunados, peligros y esquinas inesperadas, volvió a la cruda realidad, pero había pasado demasiado tiempo allí fuera.
-¿Tienes novia?
Sabía perfectamente que sí, pero aún así le dio la señal.
Le habían cerrado las puertas, había pasado años en una dimensión paralela. No hay sitio para los niños, peter pan está de vacaciones.
Era consciente de que nadie le iba a tender la mano del nuevo mundo y que ahora tendría que apañárselas para salir adelante. Pero su recuerdo le estremecía y le hacía por fin sentirse viva después de todo.

Fa Fa Fuck You.2005

lunes 9 de noviembre de 2009

II

Gabriela cree que está sola y revisa su agenda ciento cincuenta veces antes de dormir y mañana vuelta a empezar. Recuerda que algún momento fue mejor a ese, pero también cree que los años enmascaran lo vivido con más gloria que pena. Le gustaban las olas y perder la parte de arriba del bikini mientras saltaba sobre ellas. Le gustaba sentir el sol acariciando su piel y no le importaba que en ese momento un barco estuviera naufragando o que algo estuviera estropeado una vez más Eniwetok.

A Sid le gustaba cortarse los brazos como quien corta tomates para preparar la ensalada. Pero Sid ahora no está y eso pasó hace muchos años. A Ian le gustaban más las cuerdas. Los dos tenían el corazón a tres metros bajo tierra y nadie podía escucharles. Llamaron muchas veces, pero nadie pudo escucharles. A Sid le buscaron durante días, querían encerrarle aún más tiempo, pero Sid ya tenía mejores planes para entonces. Su madre pensó por los dos. Ian tenía una hija, pero estaba ocupado en hacer otras cosas. Tenía una banda muy buena y tenía que viajar mucho por todas partes, además tenía una amante muy guapa con ojos grandes de gata. Ian lo hizo lo mejor que pudo, pero no fue suficiente.

Ella se acuerda de cuando Mo estuvo enfermo y aunque eso fue hace tiempo, todavía le duele pensarlo. Estaba enfermo ya antes de nacer y después siguió estando enfermo y así durante mucho tiempo. Tenía una guardería en el hospital y muchas chucherías, pero la calle estaba fuera y nadie le dejaba salir. Ahora Mo está bien y juega al fútbol y a veces hasta su equipo gana.

miércoles 4 de noviembre de 2009

lunes 2 de noviembre de 2009

Al revés

Miró sus pestañas de mariposa por última vez y perdió el rosario antes de salir para siempre. No es tarde para empezar de cero ni nunca para terminar en el mismo sitio. Se acordó de la vez que estuvo a punto de no nacer y la sensación de ahogo no le ayudó demasiado. Como no tenía suficiente con acordarse de esta desafortunada aventura, recordó la primera bofetada que le dio su padre. Bendición, decía su padre, putada pensaba él mientras apagaba el porro que se acababa de fumar. La primera vez que entró en ella fue demasiado para poder haber existido una segunda oportunidad. Dibujó el futuro en su diminuto ombligo, pero se marchó sin despedirse. Recordó entonces los pies extremadamente pequeños de las antiguas geishas y no puedo evitar sentir más tristeza de ellas que de su propia vida. La primera vez que respiró, no le pareció para tanto. Creyó que la vida, los poemas, las horas muertas y los matrimonios estaban sobrevalorados. Creyó que ya nadie conocía la respuesta correcta y que todos estaban encerrados en un bunker del año 2300 D. C. con máquinas adelgazantes y pastillas de mercromina y vida eterna. Pidió perdón por todos los tripis falsos que había vendido a los paletos de Ocaña y alrededores y esperó de verdad, incluso apretando los puños, no haber matado a ninguno de ellos. Y ahora, después de arrepentirse de todo un poco y ver cada vez más cerca el final del camino pensó “ya puedo morirme”, mientras se tumbaba en medio de la carretera a probar suerte. Y así es como empezó todo.




domingo 25 de octubre de 2009

Standby

Se despertó y olvidó que ya lo había hecho antes. Fue al baño, comenzó a cepillarse los dientes, pero el cepillo estaba húmedo, como si alguien lo hubiera usado no mucho tiempo antes. Se acercó a la cocina y el café estaba aún humeante. ¿Dónde estoy?, se preguntó. Salió a la calle para airearse y alguien le saludó a lo lejos. Experimentó un sentimiento que ya había sentido antes, pero miró hacia abajo y siguió adelante. Trataba de recordar, pero ya no quedaba nada. En otro momento había sido alguien y probablemente tuvo amigos, o quizá era un asesino a sueldo perseguido por la justicia. Quiso pensar que era de los primeros cuando una señora con un carrito de compra se interpuso en su camino.
-Ya has vuelto.
-Eh... sí... eso parece.
-Menudas vacaciones te has pegado oye, y eso que estamos en tiempo de crisis. ¿Te ha hecho buen tiempo? Porque aquí no ha parado de llover, que ni he podido tender la ropa. Mira, con el mismo vestido que hace un mes... bla bla bla bla bla bla
HORROR INCERTIDUMBRE PÁNICO ABURRIMIENTO SOLEDAD
-Verás, tengo que irme.
-Ah claro, vas a por la nena, que sale ahora del cole, ¿no?
ABATIMIENTO INTRANQUILIDAD SOSPECHA ATURDIMIENTO LOCURA
-¿Al cole?
-Sí, ¿te pasa algo? Te noto pálido. Anda, ve a buscarla, que no hay nada peor que estar esperando en la puerta de un colegio. .. bla bla bla bla bla
-Sí, sí, adiós...
¿Cómo podía haber olvidado quien era? El corazón le palpitaba y él no hacía otra cosa que intentar atar cabos, construyendo la historia de su vida. Pero no sabía por dónde empezar y le vino a la mente la estúpida idea de que quizá fuera objeto de un experimento sociológico o de una invasión alienigena en la que le habían usurpado los recuerdos para investigar el comportamiento humano.
Pero no podía hacer nada, de momento sabía que tenía una hija, y ahora sólo tendría que pensar la manera de encontrarla.

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