martes, 22 de septiembre de 2009

360 grados de separación


Le dijimos que habíamos recorrido un gran camino para ir a verle. Asintió y nos preguntó por los cigarrillos. Decía que todas las noches soñaba con cigarrillos persiguiéndole por todas partes. Pero a veces soñaba también con pistolas disparándole. Le dimos un paquete de los más caros y lo agradeció como sólo el sabía hacer. Lo que no queríamos es que le disparara nadie, aunque solo fuese en sueños. Le pregunta a mamá por Otto. Otto está bien, dice mamá, aunque le arrancaron una oreja. Él vuelve a asentir con esa cara de rebelde sin causa. Parece hacerle gracia el hecho de que su mascota favorita ahora solo tenga una oreja. La misma gracia que le hace el hecho de estar entre rejas cada día sin ningún cambio bajo el sol. Pregunta por Olivia también. Olivia está muerta, dice mamá. Él fuma una calada y después hace una O, y otra, y otra, hasta que el humo se disipa antes de llegar al cristal que nos separa. Es normal, concluye. Mamá aprieta fuerte un clinex que le he dado antes de entrar. ¿Te arrepientes? Termina preguntando mamá. Él se levanta lentamente y me mira fijamente a los ojos como queriendo decir algo desde muy lejos. Muchas gracias por los cigarrillos, dice, y se va.

1 comentario:

eme ce dijo...

Genial como siempre.

Y a Otto lo tengo aquí al lado, es mi oso de peluche de niña. (: