martes, 14 de abril de 2009

Cuestión de probabilidades

Marina mira sólo a un lado antes de cruzar, piensa que la vida es al fin y al cabo una cuestión de probabilidades y ella ha estado a punto de morir tantas veces y se ha quedado tantas al borde, que no teme a la muerte, como tampoco teme a la vida, ni a las personas, ni a nada en general. De hecho, se va a comer el mundo, o eso es lo que piensa, aunque la verdad es que Marina nunca ha sido alguien de pensamientos muy profundos ni tampoco muy trabajados, y se ha quedado siempre con la primera impresión de las cosas y con el primer criterio respecto de todo. La acaban de contratar de diseñadora. Diseñar lo que se dice diseñar, no ha diseñado mucho, ni poco, ni nada, pero se ve capaz de aprender y de volverse incluso una diseñadora digna de llamarse así. Lo cierto es que hinchó un poquito el currículum, quién no lo ha hecho alguna vez al fin y al cabo, sólo que en este caso además de hincharlo fue creíble, que eso no es algo que todos consiguen. Marina va a cruzar la calle, porque llega tarde, pero Marina no tiene en cuenta la falta de estabilidad de sus tacones de los Manolos nuevos, comprados en Nueva York, y a Marina se le rompe el tacón, se cae en medio de la calle y es atropellada por un Audi que casualmente pasa por ahí. Menos mal, al menos me atropella un buen coche, piensa. Y ahora, por primera vez en su vida, y justo antes de morir, cree que a veces la vida, y también la muerte, es una cuestión de probabilidades, y que a veces la balanza se inclina del lado menos indicado.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Y todo por no cruzar por el paso de peatones.

Cimmeria and Low

Ana dijo...

En mi barrio NO HAY

Anónimo dijo...

oye ana me ha gustado mucho.
En serio.

TONI

Ana dijo...

Gracias Toni
a ver si nos vemos mañana con Nat
Mua