miércoles, 11 de septiembre de 2013

Maneki Neko

Se preparó una relajante taza de café con leche y las habituales tostadas de tomate con aceite virgen extra. Se vistió delicadamente, con sus mejores galas, sabiendo que pronto iba a terminar todo. Así empezó el día en que L.G. decidió incendiar el Parlamento. Todo lo que ocurrió después, no es para nada relevante. Pintó sus labios con un rojo Channel, que había robado las navidades pasadas en El Corte Inglés. Miró al gato chino que mueve la mano, presidiendo la habitación principal y recordó la historia original en la que salvó a un monje en un templo alrededor del siglo XVII. L.G decidió que si algo iba a necesitar ese día era mucha suerte, y se metió el gato en el bolso de charol negro. LG. era tremendamente sexy, pero nunca supo jugar bien sus cartas. O a veces las jugó tan bien que ningún adversario se atrevió a seguir la partida. A lo mejor por esa razón y otras cuantas más asociadas a la pobreza estructural que le tocó vivir, siempre había jugueteado con la idea de quemar algo, cuanto más grande y simbólico mejor. La película de V de Vendetta tampoco había ayudado demasiado a paliar su piromanía, muy al contrario, había alimentado su ideal romántico de hacerlo. Se puso sus botas de Cowboy verdes y sus gafas aviador. Leyó un párrafo de "El Corazón de las Tinieblas" y recordó el final de Apocalypse Now cuando Marlon Brando habla del horror; "el horror, el horror tiene rostro".  L.G salió de casa, y así es como empezó el día en que decidió incendiar el Parlamento.

2 comentarios:

Darío dijo...

Hay días de furia incontenible... Un McDonalds, un parlamento....

Pau dijo...

Suerte, pero también bastantes cócteles molotov