lunes, 30 de mayo de 2011

Fue un pinchazo seco y profundo y después nada más, en todo caso la noche y muchas nauseas. Esperaba un parque de atracciones con muchas luces y tiovivos con elefantes y caballos sonrientes y a cambio encontré una pared, y detrás de la pared estabas tú, con tu antifaz y tu identificación de vendedor de seguros. De mierda. Quizá ahora no haya mucho más que hacer, certificar la muerte y cubrirles de rosas. Marchitas. Hay quien se pregunta si las rosas del velatorio son reales o puras imitaciones. No poder fumar en los tanatorios es una broma de mal gusto, como los muertos sonrientes. Él estaba marchito, ya no era mi abuelo, no era nadie, si es que lo fue alguna vez. Cuando era pequeña, él mataba ranas con sus propias manos, yo sabía que eso no estaba bien, pero era mi abuelo, así que sonreía como sonríen las azafatas cuando su avión está a punto de estrellarse.

3 comentarios:

pistru dijo...

Honestamente, buenísimo.

Pantera de carbón dijo...

Cierra los ojos y atrévete a sonreir, como puta, cuando es penetrada.

-KtaStRoF- dijo...

siempre me dejas congelada.