jueves, 7 de abril de 2011

Mi primera carta de amor

Él me escribió mi primera carta de amor. Era un chico sudoroso y pálido, con las mejillas ensangrentadas y el gesto nervioso, como de tener prisa para respirar y para mirar y para vivir. Ojos entrecerrados y vergüenza. Yo no sabía muy bien de qué iba eso, lo más cerca que había estado de un chico era en clase de gimnasia, y no es que me gustara demasiado la experiencia, así que mi cuerpo joven se mantenía virgen, pero palpitante al mismo tiempo, como un corazón en el momento del transplante, en ese instante que pertenece al limbo entre la vida y la muerte y las cosas que no entendemos aún (tiempo al tiempo). Eran tiempos de pánico, de amenazas fallidas de bomba y de una menstruación inminente que hacía saltar todo por los aires. No le presté demasiada atención, no mucha más que a la lección del aparato digestivo y la fotosíntesis y demás lecciones de no-sé-qué que-no-re-cuer-do-ya. Había risas asesinas a nuestro alrededor que lo devoraban todo y no dejaban ni los huesos. Pero sí recuerdo su rostro pálido tras el cristal, la última vez que le vi, ya era demasiado tarde para darle las gracias, por mi primera carta de amor, que olía a tiza y a horas muertas.

2 comentarios:

Diego VOLIANIHIL dijo...

En la infancia se simbolizan los momentos de incomunicación de una forma mágica que luego viviremos en la """"""madurez""""""" de otro modo muy distinto. Yo guardo cartas de amor del colegio, pensé que algún día las leería pero siguen guardadas con palabras de "amor" hacia una persona que creo que ya no existe (el "yo" pequeño).

NAHIA dijo...

ay...el olor a tiza, y el primer amor,no se olvidan, no...