martes, 12 de abril de 2011

Amor intradérmico

Me dijo que las cosas se estaban poniendo difíciles, que se estaban torciendo y enrevesando cada vez más, hasta el punto de no entender nada y de no poder echar marcha atrás. Reducimos nuestro espacio vital. Ahora podía sentir mucho mejor los latidos de su corazón, y su tacto de niño salvaje, pero también sus miserias. Estábamos tan cerca, que pronto empezamos a ser la misma persona. Pronto me descubrí bajándome la cremallera y meando en el baño de caballeros. Pronto empecé a entenderle, por fin, después de tantas discusiones que no acababan en nada.
¿Quieres dejarme salir de aquí de una vez? Pero nadie parecía oírme, por muy fuerte que gritara. Nos habíamos convertido en hiedra, que lo cubría todo, taponando todos los alveolos, encontrando el mínimo resquicio libre para suturarlo y hacerlo mil pedazos.
Y ahora que estamos inmóviles, mirándonos despacio sin nada nuevo que descubrir, me pregunto en qué punto comenzó todo esto y creo firmemente que fue aquella noche en la que decidí no borrar las huellas.

5 comentarios:

Diego VOLIANIHIL dijo...

Agobio, angustia. A lo mejor es porque soy bastante reacio a esas reacciones, no lo sé. Pero qué bueno. Claro, joder, siempre te pillan por las huellas. Yo de pequeño quería quemármelas por si en un futuro hacía algo grave, para que no me identificasen.

El titán dijo...

El volver a ser un interrogante para la persona que había dejado de serlo.

-KtaStRoF- dijo...

joder...me ha encantado ana,precioso lo de la hiedra taponando alveolos!
odio sentirme identificada...pero es asi,parece que lo hayas hecho a posta...

jejejje no hace falta quemarse las huellas,basta con ponerse un poco de celofán,cera de vela, o simplemente guantes...

Layla dijo...

"reducimos nuestro espacio vital"...es tan cierto que asusta. Te diría que me ha encantado, pero ya lo sabes

un beso enorme

Lavidaenfillmore dijo...

Precioso compañera