jueves, 27 de mayo de 2010

Dónde estás o nunca viniste

Se acariciaron como lo hicieron la primera vez, años atrás, cuando creían que se trataba de un juego infantil inocente. Pero ya no era lo mismo. ¿Dónde había quedado esa sensación novedosa del principio que te hace sentir cosquillas en el estómago? Flavia se apartó de ella como quien deja atrás una tormenta vacía. Marta no entendió su respuesta, porque aunque tampoco ella sentía lo mismo, no estaba acostumbrada al desprecio ni al abandono en un juego erótico como ese. Flavia comenzó a sollozar como cuando en sexto de primaria manchó la silla la primera vez que fue mujer. Marta trató de tranquilizarla, besándole en la nuca, pero Flavia se apartó aún más. Tenía miedo porque no era capaz de controlar sus propios sentimientos y la incertidumbre del deseo le comprimía el cráneo y le hacía estar en una realidad lejana y turbia.
Ya no me quieres.
Sí, te quiero, pero ya no puedo tenerte más.
Marta trataba de resistirse a la idea de perderla para siempre, porque no había conocido otra mujer y la idea del sexo estaba intrínsecamente relacionada a ella y a su recuerdo.
Vete y no vuelvas. Ya no puedes coger nada de mí.
Marta se dirigió lentamente hacia la puerta esperando que Flavia recapacitara y se lanzara a sus brazos y le acariciara el pelo y le dijera lo bella y genial que era. Pero Marta no tuvo más remedio que abrir y cerrar la puerta y asumir que algo había muerto en ella. Flavia sonrió al ver que la puerta estaba cerrada y segundos después fue consciente de que había dejado de ser ella.

9 comentarios:

Igor dijo...

Lo cierto es que tienes una facilidad pasmosa para los retratos, para describir esos momentos que nos definen y que son tan infrecuentes.
Y facilidad para crearlos.
El texto me ha gustado mucho, cargado, intenso, con fogonazos muy poéticos que ensalzan y no cansan.
Y además, con este final, me he quedado meditabundo.

Paprika Jonhson dijo...

las puertas cerradas..... parecen agujeros negros que se lo llevan todo.

Charal dijo...

-Sí, te quiero, pero ya no puedo tenerte más.- Qué sentencia, pobre de la condenada! u.u

Está genial está mini historia, hay algo en los finales ambiguos que me deja siempre esa sensación de inquietud...

pancho dijo...

buen texto, solido, cada vez mejor.... como el vino, pero en copa corta... ajajajaja
lo mejor del texto a mi gusto; "Flavia comenzó a sollozar como cuando en sexto de primaria manchó la silla la primera vez que fue mujer"

mas longitud, que el reloj no para nena. buena suerte y un abrazo colega.
ok?
pancho

Tara dijo...

en blanco y negro, con la tenue luz de una claraboya al fondo

la puerta como contrapunto

latacones dijo...

qué preciso el relato de una situación tan humana como devastadora

Claudia. dijo...

totalmente real. como cuando el café se enfría

Belén dijo...

Es duro el acabar una relación, pero la sonrisa de descanso que se te queda cuando lo haces no tiene precio...

Besicos

Shang Yue dijo...

me costaría horrores abandonar la nuca que acomoda su cabello bajo mis dedos