lunes, 4 de agosto de 2008

Gritos



Ella va subiendo los escalones de dos en dos para poder estar a su altura. Él mira de reojo, tranquilo, y continúa hacia adelante, está donde tiene que estar. Siempre hay una espada y una pared, a veces parece que no están, pero siguen ahí, escondidas en las sombras para atacar al mínimo paso mal dado. Eso es algo que todo el mundo sabe y aún así nos sorprendemos cuando todo sale mal. A veces te preguntas por qué hay tanto ruido ahí fuera, ellos dicen que eres tú, que no estás en el lugar adecuado, no llevas la ropa adecuada, y por eso no puedes entrar. Pero ellos siguen con sus ruidos, y sus televisiones, y sus quejas y lamentos, incluso hasta durmiendo, roncan y hablan sobre lo que tienen que comprar o lo que tienen que ver al día siguiente. La espada sigue ahí, afilada, esperando el mínimo error para ponerse en pie de guerra. Tú estás inmóvil, indefensa, preguntándote dónde narices están las instrucciones para vivir y por qué se les olvidaron dártelas. No quieres bailes de salón ni vestido nuevo, sólo la seguridad de que la espada no siempre está apuntándote y ellos dejan de gritar de una vez.




2 comentarios:

Sergi Bellver dijo...

Tiene gracia, en tu entrada hay un grito que se parece al de Pablo, y en la mía hay un puñal japonés que se parece a tu espada.

Siempre hay una pared, es cierto, pero también un empellón de rabia que la derriba, si hace falta.

Saludos, vengo de la bitácora de un amigo.

en tierra de nadie dijo...

Hola, Ana:

Aviso mensual del post de Loriga. Para hacer más llevadero el fin de las vacaciones.

Salu2

http://entierradeotros.blogspot.com/2008/08/un-segundoray-loriga.html