sábado, 9 de octubre de 2010

Ian


Unas horas antes de morir, Ian parecía un tipo feliz. El brillo de sus ojos lo decía, su sonrisa dibujada de lado como cada vez que hacía un chascarrillo y la cerveza que bebía pudieron hacer pensar a más de uno que así era. Y sin embargo, llego a su casa. La cuna vacía, su mujer ya no estaba. La luz que parpadeaba durante todo este tiempo, se había apagado definitivamente. Sus discos ya no parecían los mismos, como si él no hubiera tenido nada que ver en su creación. Estaba viendo su propia vida y encajó todos los momentos en los que se había equivocado. Todas las noches en las que Nancy había dormido sola, mientras él estaba lejos, o cerca, pero en ninguna parte. Su niña apenas le reconocía ya cuando aparecía por casa. Había pensado en empezar de cero, traía una maleta con una nueva vida que darles a las dos.

Ian miró el gotear del grifo y se asomó por la ventana en la que empezó y terminó su vida. Una niña juega con la arena y su madre le reprende por hacerlo. Alguien empuja un carro, con poca soltura. Papeles de periódico vuelan por el suelo, suben y vuelven a caer, las noticias se rompen, las letras se mojan. Ian cierra la ventana y trata de concentrarse, pero no ve nada claro, un torbellino de emociones inunda su cabeza, es incapaz de pensar con claridad. Un cinturón negro y una cañería por la que cae agua. Tip tap tip tap tip tap tip tip tip

5 comentarios:

mi rinconcito dijo...

Con una maleta preparada para una nueva vida, con ese brillo en los ojos, con esa sonrisa, Ian tiene que buscar a esa mujer para que le dé una nueva oportunidad. O compartir esa vida con otras muchas personas que sabrían reir con él, vivir con él.

a smart chimp dijo...

Pero no puede buscarla porque el amor les tiene separados, ni compartir la vida porque detesta las marquesinas de los autobuses, las rayas blancas de las autopistas y tantas otras cosas, pero a ninguna de ellas como se detesta a sí mismo, con quien vive en una permanente cita a ciegas... y sigue pisando fuerte.

Cesc dijo...

Duro, cruel, real

Igor dijo...

Mmmm. En su primer concierto en Londres (ellos eran del norte, de la Inglaterra pobre), acudieron 3 personas. De su primer disco, vendieron 1.000 copias.
Y a mí me cambiaron la vida.

Tara dijo...

lástima que Nancy no viera la maleta antes