domingo, 15 de noviembre de 2009

Lejos de Grosse Point


Emy se sienta todos los días en las escaleras de su porche en el barrio de Grosse Point mientras espera que su madre llegue a casa cargada de bolsas, de niños y de maldiciones. "Te has tenido que comer otra vez el pegamento, te tengo dicho que no lo hagas", "mierda, se me ha caído la bolsa de los huevos, se habrán echado a perder", "¿qué habré hecho yo para merecer esto?". Emy lleva toda la mañana sentada tejiendo una bufanda para su madre, pero cuando su madre llega corre directamente a la cocina para salvar los pocos huevos que aún quedan. Emy se pasa sentada toda la mañana y toda la tarde y parte de la noche porque tiene una deformidad en las piernas que le diagnosticaron hace años, pero que difícilmente pueden curarle. Algunas veces cuando viene su tío Claudio, le monta en su coche y van haciendo eses por la carretera. A Emy le gusta mirar a través del cristal y lo que más le gusta son los animales. De mayor, quiere tener una granja y poder cuidar de todos ellos, hacer pan casero y tener calabazas gigantes. Claudio le coge en brazos y cuando llegan a lo más alto de la colina le deposita delicadamente en el suelo. Los dos miran al horizonte señalando todos los sitios que conocen y los que no y se imaginan cómo sería verlo siempre todo desde arriba, desde la distancia y la tregua que da poder analizarlo todo desde allí.
Claudio tiene que devolverla a casa a la hora de la cena, así que bajan de la colina gritando ¡hasta pronto! y Emy se pasa toda la vuelta a casa llorando en silencio. No quiere volver al porche, quiere tener unos zapatos de charol con los que al dar tres saltitos le lleven a donde ella quiera. Emy quiere una vida nueva, una vida muy lejos de Grosse Pointy y le pregunta a su tío Claudio, por cuánto podría salirle.

3 comentarios:

Cesc dijo...

Dónde está Grosse Point?? Sabes una cosa? Me gustan las historias pequeñitos, de barrios...

Dara Scully dijo...

Pues nada, que ahorre y se compre esos zapatos de charol, que seguro que alguna sorpresa le traen.


miau
de
mermelada
de
naranja

Lorraine dijo...

Parece que Emy y yo tenemos sueños en común... Será que dormimos a la misma hora?
No conozco a éste escritor, pero buscaré, gracias! ;)
Un besitoooo!